Innovación local potencia el desarrollo sostenible de Tubul de la mano de la navajuela

A través de un proyecto FIC-R, el CIPA ha propuesto producir carbonato de calcio desde las conchas que se descartan del recurso que es sustento de la localidad de Arauco, pero que como residuo genera gran impacto socioambiental.

A 20 minutos en vehículo desde la capital provincial de Arauco y a 71 kilómetros de Concepción está Tubul, localidad costera frente al Golfo de Arauco y cuyos mares proveen a la vital navajuela.

Es el recurso cuya extracción prácticamente sustenta a esta caleta que concentra un alto porcentaje dentro de la captura nacional del molusco. Pero, su procesamiento se asocia a un impacto socioambiental y sanitario al terminar con sus conchas como desecho, que se acumulan y descomponen en sectores aledaños para desencadenar distintos problemas dentro del territorio y a su comunidad.

“Lamentablemente, los pescadores no tienen ni conocen alternativas para gestionar el residuo y descartan la concha en las proximidades de sitios de procesamiento, generando un grave problema de salubridad dada la atracción de moscas, aves carroñeras y roedores. Además, neutraliza otras actividades como el turismo y la gastronomía”, manifestó el doctor Claudio Toro, director del Centro de Investigación en Polímeros Avanzados (CIPA), quien es líder de una iniciativa basada en el conocimiento científico y la tecnología local que está buscando cambiar una preocupante realidad para potenciar la economía, desarrollo sostenible y bienestar de Tubul.

Más valor local

Se trata del proyecto “Producción de carbonato de calcio desde conchas de moluscos”, financiado por el Gobierno Regional del Biobío a través del Fondo de Innovación para la Competitividad Regional (FIC-R) y con el que se estima beneficiar a 3 mil personas. El trabajo comenzó en 2022 y colaboran la Municipalidad de Arauco y agrupaciones de Caleta Tubul.

El objetivo es dar valor a las conchas de navajuelas, convirtiéndolas en un producto comercial útil para la agricultura e industria química, evitando que se elimine como basura y así el impacto socioambiental asociado, explicó el doctor Toro. En concreto, precisó, la solución propuesta es utilizarla para producir carbonato de calcio.

Para ello se considera instalar una planta piloto de pequeña escala para la producción de carbonato de calcio a cargo de los propios pescadores artesanales y cocedores de navajuela. De hecho, con este fin constituyeron a la cooperativa “Caltubul” en septiembre de 2023, en miras a diversificar su actividad y aumentar los ingresos económicos a partir del mismo recurso.

La planta alcanza una capacidad de producción de 350 kilos de carbonato de calcio por hora, permitiendo a los productores locales generar un modelo de negocio con beneficios económicos y mejorar la calidad de vida de su comunidad, potenciando otras actividades como el turismo y la gastronomía.

“El proyecto sin duda impactará de diversas formas en nuestra zona, pero principalmente generará beneficios ambientales al utilizar un producto que considerábamos anteriormente como un residuo y junto con eso podremos generar trabajo a nivel local, gracias a la ampliación del uso comercial que tendrán las conchas de navajuelas”, manifestó Rodrigo Mansilla, presidente de la cooperativa Caltubul.

Sustento científico

Claudio Toro, doctor en ingeniería química, explicó que las evidencias demuestran que las conchas de molusco son ricas en carbonato de calcio; las de navajuelas se componen casi en 95% de éste.

Es un biomineral que destacó por su capacidad de cumplir diversas funciones gracias a sus propiedades químicas y físicas, especialmente el color, la dureza y la resistencia mecánica. Por consiguiente “es utilizado en la fabricación de cemento y cal, como fundente metalúrgico, como enmienda calcárea y nutriente, como absorbente de gases y como carga y blanqueador, entre otras aplicaciones”, relevó.

Y su diversidad de propiedades, funciones y aplicaciones le vuelve altamente requerido por varias industrias, sostuvo. Por ejemplo, se emplea en suelos para la neutralización del pH ácido.

En ese contexto, el científico contó que “previamente CIPA ha trabajado en proyectos para la generación materiales adsorbentes, capaces de remover metales pesados desde aguas residuales, que han sido sintetizados con carbonato de calcio provenientes de conchas de moluscos”.

Ahí el impulso al proyecto FIC-R, basado en resultados del trabajo del centro que nació en 2003 al alero del Gobierno Regional y las universidades del Bío-Bío (UBB) y de Concepción (UdeC), estando alojado en la UBB y con la UdeC dentro de su gobierno corporativo.

Revisa la nota en Diario Concepción

No Image Found