Crisis por la basura y el valor de la evidencia

Dr. Claudio Toro Aedo
Director Ejecutivo
Centro de Investigación de Polímeros Avanzados (Cipa)

Todos conocemos a alguien que le encanta decirnos “te lo dije”, cuando nos advirtió con anticipación de que tendríamos un problema. Y, claro, esta persona no siempre cae bien con su típico comentario. En realidad, generalmente su frase —por muy cierta que sea— nos provoca molestia.

Entonces, hecha ya esta aclaración, cómo hacerlo para no caer mal si repasamos todo lo señalado por un sinnúmero de voces hace décadas para evitar una situación que hoy se ha convertido en uno de los problemas contingentes más comentados en el Gran Concepción: la llamada crisis de la basura.

Quizás, el camino —en vez del “te lo dije”— es mirar qué podemos hacer en la situación que hoy tiene complicada la disposición final de Residuos Sólidos Domiciliarios (RSD) de miles de hogares de nuestra zona.

Tenemos la convicción que uno de los aprendizajes que no podemos dejar pasar es la imperiosa necesidad de dar crédito a la evidencia, para que ello empuje con fuerza las correctas y oportunas decisiones que deben tomarse para profundizar en soluciones.

En este sentido, una primera prueba dice relación con las características de los RSD. La gran mayoría de los estudios coinciden en que cerca del 60% de ellos son orgánicos, con posibilidades de compostarse o transformarse en productos de valor comercial, como biofertilizantes, combustibles líquidos o gaseosos. Sobre un 12% son plásticos, susceptibles de ser reciclados si es que se separan y gestionan adecuadamente. Algo similar ocurre con el papel, el cartón y los metales que se encuentran en cantidades similares, en torno a un 6%. Finalmente, las latas y el vidrio, en torno al 3%, también con amplias posibilidades técnicas para su reutilización. Por lo tanto, sería recomendable considerar una mirada sobre estas cifras antes del planteamiento de soluciones generales.

Queda claro que las oportunidades de valorización de los RSD son múltiples y en altos porcentajes. Entonces, ¿qué ha pasado todos estos años? A pesar de existir evidencia técnica y capacidades, las tasas de reciclaje en nuestro país son marginales: apenas 1% según el MMA (2018).

Como siempre, primero es necesario apelar a la responsabilidad individual, ya que gran parte de las soluciones exitosas promueven la separación en origen. Parece simple, pero hay que llevarlo a cabo y anticiparse al colapso del sistema, pues los planes de gestión deben orientarse a reducir el volumen que se dispone en los rellenos sanitarios.

Hoy las municipalidades tienen el rol de la gestión de los RSD. No obstante, el problema es complejo y se requiere que múltiples actores participen de la solución: academia, sector público, sector privado y sociedad civil. Como se ha denominado en los ecosistemas de innovación, “la cuarta hélice” para hacer las cosas de manera diferente.

Debemos hacernos nuevas preguntas y generar nuevas evidencias y modelos de actuación. Si exploramos una lógica circular, encontraremos nuevas formas de financiar la gestión integral y adecuada de los RSD, considerándolos como un recurso capaz de satisfacer otras necesidades.

En este sentido el indicador cambia dado que cuanto menos RSD disponemos en el relleno sanitario, quiere decir que somos más eficientes y con bajos impactos ambientales. Sin perjuicio del modelo circular, habrá que generar evidencias previas a través de programas piloto que nos permitan estimar con certeza cómo se desarrollarán y encadenarán las nuevas tecnologías con el actuar de las personas.

Por lo tanto, esta exploración será la clave para avanzar hacia una ley general de residuos, que regule las bases para la gestión de RSD, de tal forma que todos los gestores y actores involucrados se encuentren obligados a utilizar una estrategia jerarquizada de residuos, con metas, indicadores y, por qué no, incentivos claros que potencien la implementación de alternativas circulares viables que extiendan la vida de los productos.

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