Centros Regionales, una mirada hacia las necesidades de los territorios

04/10/2019 / POR / En CIPA en la prensa, Últimas Noticias

Por Lorena Jiménez U., periodista de Héureka/ Fotografía gentileza Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación.

“Que la ciencia sea relevante para la sociedad” es la principal meta del nuevo Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación hoy. Una tarea muy desafiante, mas no reciente. Esta frase, inserta en el ethos de los Centros Regionales de Investigación, ha guiado su actuar en los territorios, logrando algo que pocos actores del ecosistema científico han conseguido: ser un puente entre el conocimiento y las comunidades locales.

Una propuesta distinta de realizar ciencia, que se desliga de la oferta de temas a investigar por una conectada con las necesidades de las regiones. Conexión con los entornos que les ha permitido enriquecer sus investigaciones, generando conocimiento y soluciones en conjunto que hoy han permitido agregar valor al ecosistema a través de patentes, licencias, capacitaciones, charlas de divulgación, opiniones relevantes en la toma de decisiones estratégicas, entre otras. De esta forma, estos grupos se han vuelto en una suerte de “evangelizadores” en regiones de lo que el desarrollo científico puede ofrecer.

Algo que según Claudio Toro Aedo, director ejecutivo del Centros de Investigación en Polímeros Avanzados (CIPA) y Coordinador de la Red Nacional de Centros Regionales de Ciencia y Tecnología (RedCR), se respalda con cifras señalando que gracias a estas entidades, “más de 500 profesionales se han insertado en actividades de ciencia y tecnología en los territorios, más de 1.000 publicaciones científicas se han desarrollado y más de 100 soluciones tecnológicas han sido entregadas a más de 500 empresas nacionales. Somos y hemos sido un aporte, ahora buscamos apoyo para seguir siéndolo”.

Entidades híbridas

El origen de los Centros Regionales se ubica en un convulsionado comienzo de milenio. En ese entonces muchas políticas científicas de largo aliento eran impulsadas por Erick Goles, presidente en esa época de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT). Dentro de estos proyectos estaba el Programa Regional, que buscaba generar sinergias entre CONICYT y las Gobernaciones Regionales (GORE) a lo largo del país.

“Fuimos producto de una política de Estado que decide, a comienzos del 2000, descentralizar la ciencia. Se decide crear estos centros de investigación, pero esto tenía un propósito: las regiones iban a decidir cuáles iban a ser los focos de cada uno de estos centros”, cuenta Carlos Olavarría, director ejecutivo del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) de la Región de Coquimbo.

Fue así como a lo largo del país se instalaron centros con diversas temáticas durante estos 18 años. Más de 15 centros surgieron, manteniéndose en operaciones hoy en día nueve de ellos. La fuente de financiamiento mixta, desde CONICYT y los GORE, les permitió encontrar el punto de equilibrio entre ambas instituciones, logrando llenar uno de los tres objetivos de las instituciones de educación superior: que el conocimiento sea útil para la sociedad.

“Nosotros nos relacionados con la comunidad para hacer investigación científica pertinente y aportar al desarrollo territorial y al bienestar de la gente. Fuimos criticados, pero nos dio resultado y ahora se nos reconoce. Hacemos ciencia con sello social”, señala Paola Acuña Gómez, directora ejecutiva del Centro de Estudios del Cuaternario Fuego-Patagonia y Antártica (CEQUA), el primero en nacer.

Algo respaldado por cada uno de los integrantes de RedCR. “Es cierto, hay muchos tipos de centros, pero el nuestro tiene por objetivo promover el desarrollo participativo y con un enfoque sistémico de los territorios, a través de la investigación e innovación. Nuestro desarrollo tiene que ver con mejorar la calidad de vida de las personas que habitan los territorios”, destaca Eduardo Gratacós, director ejecutivo del Centro Regional de Innovación Hortofrutícola de Valparaíso (CERES).

Impacto territorial y nacional

La agricultura, los ecosistemas regionales, los recursos naturales, el desarrollo de nuevos materiales, la generación de nuevos alimentos, entre otros; son parte de las temáticas abordadas por estos centros. Aparentemente muy amplias, pero que a través de las labores de transferencia pueden estar más cerca de la comunidad de lo que se piensa: en una feria, supermercado, ferretería o en los entornos naturales donde habitan.

Un ejemplo en alimentación es el Centro Regional de Estudios en Alimentos y Salud (CREAS). Esta entidad ubicada en Valparaíso es una de las tres a nivel nacional con más voucher de innovación adjudicados por CORFO (2016-2017). Según su directora ejecutiva, María Elvira Zúñiga, estos resultados se deben a la predisposición que existe en el centro a ayudar a los emprendedores, teniendo como fin que “el producto final sea una solución para la sociedad”.

Otro en el área de nuevos materiales es CIPA ubicado en Concepción, que dentro de sus áreas de acción impulsa la ansiada economía circular. “Hoy vivimos en un cambio climático que exige que el desarrollo económico prospere en los límites renovables de nuestro planeta. Por eso la filosofía de nuestro centro apunta a desarrollar Ciencia y Tecnología para contribuir al progreso sostenible de la Región del Biobío y el mundo”, destaca Toro.

Y un ejemplo en agricultura es el Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF). Especializados en portainjertos, esta institución ha generado interesantes programas de transferencia. Uno de ellos es el sistema de asistente virtual de información agronómica, SAIA, que permite a agricultores anteponerse a etapas críticas del desarrollo de un cultivo, herramienta que según su director ejecutivo, Mauricio Ortiz, permite apoyarlos en la toma de decisiones, además de hacerlos participar de las investigaciones que realiza el centro.

Continuidad, un problema compartido

El miércoles 20 de marzo los centros regionales tuvieron su primer encuentro con el Ministro de Ciencias, Andrés Couve. Una cita relevante para el futuro de estas instituciones, donde el jefe de la cartera dio luces de la política de centros que los acogerá a ellos y otros tres programas: Milenio, Basales y Fondap. “Nuestra idea no es meter a todos los centros al mismo saco, por lo que mantendremos la diversidad que los caracteriza al considerar sus vocaciones”, rescató Couve en la reunión.

Una declaración de intenciones que valoraron los representantes. Sin embargo, cuando se buscó hablar sobre el tema más sensible para los centros, la continuidad, Couve fue claro en que hasta que el ministerio no entre en funcionamiento, a comienzos del 2020, es algo que debe ser tratado por CONICYT.

“Hay una necesidad de fortalecer la institucionalidad que nos rige, que tiene que ver con el aseguramiento de fondos basales por períodos acordes a los centros de excelencia, aparte de los 10 primeros años y los programas de continuidad son de 3 años. Los GORE hacen aportes importantes, como en nuestro caso, pero no es lo mismo en todas las regiones”, relata Giovanni Daneri, director ejecutivo del Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (CIEP).

Frente a esto, Couve rescató que es un tema complejo para todos los tipos de centros. De todas formas, señaló que llegado el momento, más que continuidad, ellos buscarán propuestas de evolución. “Lo que estamos haciendo es permitir a los centros, a través de un proceso competitivo, poder continuar con su proyecto. Eso hoy día se incorporó ya en las bases de Milenio, que permite que con un proyecto que se desarrolló durante 10 años se postule al periodo siguiente en la medida que cumpla con las expectativas”

Son pequeñas luces de lo que vendrá para estos centros, avances que se encontrarán con los que propone la Ley de Descentralización, que incorporará nuevos actores: los Comités Regionales de Ciencia, Tecnología e Innovación para el Desarrollo. Esta instancia, será clave en el desarrollo de estos centros, contando con interlocutores técnicos que podrían potenciar o afectar su desarrollo.

“Puedes decir que la ciencia es de excelencia si es investigación de frontera, o que es relevante si está validada por tus pares evaluadores, o también como nosotros lo vemos, impacta si es posible transferirla al sector productivo y tener una oferta a la comunidad al final del día. Esperamos que en este nuevo ecosistema el balance sea adecuado y permita mejorar lo que hemos construido”, finaliza Toro.

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CIPA

El Centro de Investigación en Polímeros Avanzados, CIPA, es una entidad regional que apoya el desarrollo sostenible al impulsar la economía circular, generando nuevos materiales basados en polímeros de origen  natural, sintético y reciclado, que agregan valor a la sociedad, al medioambiente y al ecosistema local y nacional.